viernes, 2 de diciembre de 2016

Las gafas

Estaba el otro día en casa y fui a secarme el pelo. Al cabo de un rato me di cuenta de que no llevaba las gafas puestas y pensé que me las había quitado en el cuarto de baño. Por más que las busqué no las encontraba y ya estaba yo pensando en la tontería de tener que hacerme unas gafas nuevas, con lo caras que cuestan, habiéndolas perdido dentro de casa. Así que, después de rezar a San Antonio, decidí seguir haciendo las labores de la casa.

Y entonces se me ocurrió. Que cuando leo el blog en la tablet me pongo las gafas en el cuello y a veces al levantarme se me caen al suelo. Allí estaban, en la alfombra y pisadas, con una patilla torcida. Por suerte la pude arreglar. Así que parece mentira como te acostumbras a las cosas y cómo las echas de menos cuando faltan, porque yo no veo tan mal sin ellas. Cuando llevo las gafas puestas ni me acuerdo pero cuando no las tengo me siento desnuda.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El black friday y la felicidad

Yo no pensaba comprar nada este fin de semana para oponerme al consumismo del llamado black friday, pero precisamente necesitábamos un ordenador para el pueblo porque el otro se ha roto. Así que fuimos a Media mark pensando que estaría hasta arriba y no estaba mal, también porque fuimos a mediodía. Al entrar a la tienda nos recibió un cartel que decía: bienvenido a la felicidad. Lo cual me recuerda por qué no quería yo caer en la trampa de comprar cosas innecesarias por el descuento. Comprar para ser feliz es una patología psiquiátrica.

Como no me apetecía ir, le dije a mi marido que iba con la condición de tomarnos después un chocolate caliente en un bar. Así lo hicimos, después de pasar por tres tiendas y encontrar un ordenador por casualidad cuando ya pensábamos que no había nada que hacer. Entonces pensé que los publicistas no tienen ni idea de lo que dicen. La felicidad no está en el consumismo. La felicidad está en el chocolate. Todo el mundo lo sabe.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Series españolas y homosexualidad

Aunque no sigo los culebrones nacionales sí que he visto algunos anuncios últimamente donde se ve que abordan el  tema de la homosexualidad. Eso no tiene sentido porque hasta hace muy poco las personas con tendencias distintas se guardaban mucho de hacerlo saber, y mucho menos de buscar pareja, por miedo a acabar en un manicomio o incluso en la cárcel. Y no hablo del franquismo, sino también de las repúblicas y las monarquías españolas del último siglo.

Querer crear una imagen de normalidad hoy en día para un colectivo que no pasa del uno por mil de la población (aunque ellos pretendan decir otra cosa), ya de por sí está fuera de lugar, pero querer meter el tema en otras épocas y lugares resulta realmente absurdo. La homosexualidad nunca ha estado bien vista ni aceptada por la sociedad. Ni siquiera en la antigua Roma, donde tener esclavos sexuales era normal pero ser sumiso conllevaba la pena de muerte para los ciudadanos romanos.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Las pastillas

Resulta que tomo una medicina que se llama Sumial para el temblor esencial, que es una especie de parkinson leve que me da por las noches. Pues la caja tiene dos tamaños: de diez y de cuarenta miligramos. Yo tengo que tomar 40. El caso es que el otro día me confundí y compré la caja de diez en una farmacia donde no suelo ir porque me pilla un poco a trasmano. Pasó una semana y no había ido a cambiar el medicamento.

Ayer fui y me dijo la chica, muy amable, que no me lo podía cambiar porque la caja estaba sucia, y es que llevaba una semana en la cocina y se había manchado. Así que ahora me toca tomar las pastillas de cuatro en cuatro después de la cena, lo cual es incómodo pero qué le vamos a hacer. Tomo otras dos por la mañana y una de melatonina por la noche para dormir más profundamente. Van siete.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Un blog costumbrista

Me ha dicho mi marido que por qué no publico un blog costumbrista con las anécdotas de cada día. Yo le contesté que a quién iba a interesarle eso, pero como en internet he visto cosas peores, no se pierde nada por intentarlo. Así que voy a contar que hoy me he llevado un susto con el blog. Resulta que yo miro las entradas a través de una tablet y me ha salido un letrero sobre simplificar la vista del escritorio y le he dicho que sí. Pues ya no veo el escritorio en la tablet. Menos mal que mi hija pequeña, que entiende mucho de esto, me ha buscado algo que se llama chrome para que pueda verlo.

Ya pensaba que había perdido el blog para siempre. Soy así de dramática, Y entonces me puse a pensar que no quiero dejar de escribir y perder los seguidores que tengo, que me ha costado mucho llegar hasta aquí para olvidarlo. Total, que aquí estoy otra vez, dispuesta a contar anécdotas sin importancia. Veremos a ver si gustan. La tablet, además de ver el blog, la utilizo para el whassap porque en el móvil no tengo internet ni quiero tenerlo. Me parece demasiado complicado. Además la verdad es que yo sólo utilizo el whassap para algún aviso familiar y poco más.

martes, 22 de noviembre de 2016

Novedades

La verdad es que no tengo muchas. Como cada día me levanto más tarde, no me cunde el tiempo para hacer casi nada. Aunque estoy más animada me sigue costando mucho ponerme en marcha. Aun así continúo con las clases de francés y casi todos los días me acerco al supermercado. También intento seguir al día con los enlaces aunque a veces no se me ocurra nada que decir. Me sigue costando mucho escribir. Me paso por aquí para que se vea que sigo estando aunque no diga nada.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Llegó el día

Sabía que llegaría el momento en que tendría que publicar un post y no tendría ninguno preparado. Así me sucedió el miércoles. Afortunadamente, sigo publicando en mis otros blogs: Por el derecho a nacer e Sobre ideología de género, aunque allí no escribo yo. Que quede claro. Copio textos de internet y los publico con su dirección correspondiente. Como sigo sin inspiración no sé cuándo podré publicar. Esto alegrará a alguno y por eso quiero dedicarles esta canción que llevo en la cabeza todo el día. El ganador se lleva todo, de Abba.

ABBA – The Winner Takes It All Lyrics

I don't want to talk
About the things we've gone through
Though it's hurting me
Now it's history
I've played all my cards
And that's what you've done too
Nothing more to say
No more ace to play

The winner takes it all
The loser standing small
Beside the victory
That's my destiny

I was in your arms
Thinking I belonged there
I figured it made sense
Building me a fence
Building me a home
Thinking I'd be strong there
But I was a fool
Playing by the rules

The gods may throw a dice
Their minds as cold as ice
And someone way down here
Loses someone dear
The winner takes it all
The loser has to fall
It's simple and it's plain
Why should I complain.

But tell me does she kiss
Like I used to kiss you?
Does it feel the same
When she calls your name?
Somewhere deep inside
You must know I miss you
But what can I say
Rules must be obeyed

The judges will decide
The likes of me abide
Spectators of the show
Always staying low
The game is on again
A lover or a friend
A big thing or a small
The winner takes it all

I don't want to talk
If it makes you feel sad
And I understand
You've come to shake my hand
I apologize
If it makes you feel bad
Seeing me so tense
No self-confidence
But you see
The winner takes it all
The winner takes it all
Songwriters: ANDERSSON, BENNY GORAN BROR / ULVAEUS, BJOERN K.
The Winner Takes It All lyrics © Universal Music Publishing Group

lunes, 14 de noviembre de 2016

Evangelio según San Lucas 21,5-19.
Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo."
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»


viernes, 11 de noviembre de 2016

Desconectados

Nada más levantarse, lo primero que hacen ocho de cada 10 españoles es abalanzarse como posesos sobre su móvil. Pero no David Macián. Este cineasta de 36 años no se arroja ansioso a comprobar si le ha llegado un mensaje de Whatsapp. No le va la vida en abrir su cuenta de correo electrónico, no se lanza con avidez a comprobar lo que ha estado ocurriendo en Facebook mientras dormía; no pierde un solo instante en mirar lo que se ha cocido en Twitter. David Macián pertenece a una nueva tribu urbana, exótica pero cada vez más numerosa: la de los desconectados. Personas que, voluntariamente, han decidido poner freno a la vorágine de internet y hacerle un corte de mangas a eso de la hiperconectividad. Unos marcianos que han resuelto aparcar la vida virtual para dedicarse a vivir la vida real.
David Macián toma asiento y desenfunda la que constituye su mejor y más rotunda declaración de principios: su teléfono móvil. Es una auténtica reliquia, una pieza de anticuario. Un viejo Nokia con ocho años de servicio a las espaldas, abollado y con las esquinas bastante esquilmadas. No tiene conexión a internet, sirve única y exclusivamente para hacer y recibir llamadas y SMS. «La batería me dura una semana», asegura sacando pecho.
Lo que le ha llevado a Macián a pasar de la red y, sobre todo, de las redes sociales es que no le gusta el tipo de relación que imponen. "Cuando paso por una terraza y veo a dos personas sentadas la una frente a la otra mirando cada uno su móvil me pongo malo. Estamos perdiendo las conversaciones, las relaciones cara a cara, lo auténtico, lo natural. Nos venden que gracias a las redes sociales estamos cada vez más conectados pero mi sensación es la contraria: creo que nos aíslan, nos hacen cada vez más individualistas".
Macián -que acaba de terminar La mano invisible, su primer largometraje- navega de vez en cuando por internet, pero pone medidas para evitar naufragar. "Me conecto lo justo. Consulto lo que me interesa y basta, no pierdo el tiempo saltando de una página web a otra. Además, le doy mucha importancia a la protección de mis datos. Todos sabemos que en internet hay un inmenso negocio con los datos de los usuarios".
Habrá quien piense que este murciano que, en 2005, se trasladó a vivir a Madrid - justo entonces tuvo su primer teléfono móvil, y porque se empeñó su madre- es un excéntrico, un tipo raro. Pero qué va: cada vez son más los que, como él, optan por mandar al diablo a internet y a las redes sociales. Y no hablamos de místicos o ermitaños que deciden aislarse del mundo, de personas que se retiran al campo y se ponen a ordeñar vacas o a cultivar tomates, como hacen muchos de los llamados neorrurales (la mayoría de los cuales, por cierto, comercializan sus productos a través de internet y se pasan la mitad de su tiempo encerrados en sus casas de campo frente a la pantalla del ordenador).
Nos referimos a urbanitas, a gente de ciudad, a nativos digitales que han crecido al amparo de la red, que han decidido pasar de ella y que están demostrando que sí, que es perfectamente posible vivir sin internet sin renunciar por ello a su actividad profesional o a sus vínculos sociales. "Mis amigos saben que no tengo redes sociales ni Whatsapp, así que cuando quieren contactar conmigo me llaman. No es tan difícil", subraya Macián.
Una encuesta realizada hace cuatro años en Francia por Havas Media, una de las agencias líderes en comunicaciones, reveló que casi el 20% de la población del país galo vive desconectada y que la mayoría de quienes le dan la espalda a internet lo hacen de manera voluntaria por dos motivos: o bien porque no les apetece que el Gran Hermano fisgonee en su privacidad o porque querían dejar de lado el mundo virtual para volver a la vida real.
Ese último grupo de personas representaba ya en 2012 el 3,4% de los franceses y, si habían decidido decir adiós a internet, era porque sentían que estaban perdiéndose la vida de verdad, ésa que tiene lugar fuera de la pantalla. Veían como los tentáculos de la web y de las redes sociales les estaban arrastrando a la adicción, y decidieron echar el freno antes de que fuera demasiado tarde. Hablamos de gente de entre 25 y 49 años, de la clase alta, universitarios, que se movían como pez en el agua por la web y que un buen día decidieron salir de Facebook y de Twitter y limitar su uso de internet al mínimo y a aspectos muy concretos, como presentar la declaración de la renta, echar un vistazo al correo o comprobar la cuenta del banco.

Enric Puig Punyet es otro desconectado. Doctor en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona y la École Normale Supérieure de París, profesor en la Universitat Oberta de Catalunya y escritor, artista y comisario independiente, empezó a sentirse tan desbordado por internet, tan peligrosamente enganchado, que decidió levantar muros.
"Sentía saturación tras horas y horas navegando a la deriva, saltando de una página a otra sin ton ni son, viajando de un hipervínculo a otro, en apariencia haciendo de todo pero en el fondo no haciendo absolutamente nada, porque con mucha frecuencia la información que obtenemos después de un día pegados a la pantalla es dispar, en ocasiones contradictoria y no tardamos en olvidarla", sentencia.
"Sentía que internet me estaba esclavizando, que era una relación parasitaria que afectaba a mi dinámica familiar". Así que optó por tomar las riendas e imponerse un control sobre la red.

Una cuestión de salud mental

El interés de Puig Punyet por este asunto no sólo le ha llevado a cortar el cable o a impulsar varias iniciativas internacionales sobre las repercusiones sociales de internet, sino que le ha empujado a escribir La gran adicción. Cómo sobrevivir sin internet y no aislarse del mundo (Editorial Arpa), un libro que acaba de ver la luz y en el que relata los casos de varias personas que, como él, han decidido desconectarse de la red no por romanticismo, sino por salud mental y calidad de vida.
Gente que durante los últimos 15 años utilizaba diariamente internet, cuyo crecimiento profesional y personal ha ido acompañado del uso habitual de las herramientas digitales y que un día decidieron decir "basta" sin que la desconexión haya significado para ellos una pérdida sustancial ni les haya acarreado problemas de trabajo o de relación. "Al revés: la gran paradoja es que los desconectados sienten que reconectan con el mundo real", explica Puig Punyet.
Encontrarlos no resulta fácil, porque para buscar cualquier cosa lo primero que hacemos es echar mano de Internet y esa es gente que vive al margen de la web. "Hace tan sólo 10 años, Internet era una herramienta de consulta. Uno se hacía una pregunta y sólo después buscaba la respuesta en la red. Pero hoy la dinámica ha cambiado por completo. El tiempo vacío se ha llenado de paja. Muy a menudo es internet quien formula las preguntas, robándole al individuo nuevos marcos de referencia. Internet es omnipresente porque está activo siempre y en todas partes. Al ocupar gran parte de nuestra vida, hace que con frecuencia descuidemos a las personas a nuestro alrededor", explica.
Aunque no se les vea, los desconectados existen. Gente como Philippe, un comercial francés que ronda los 40 y que, cuando se quedó en el paro hace unos tres años, se volvió loco tratando de encontrar trabajo por internet, llegando a obsesionarse de tal modo con las plataformas de búsqueda de empleo que su vida consistía sólo en eso. Hasta que un buen día, harto de que se le fuera la vida controlando internet y viendo que se había hecho un adicto, decidió desconectarse y presentarse en persona en varias empresas llevando su currículo en mano.
Le salió trabajo. Y no sólo eso: cuando se dio cuenta del poder del trato directo, en la empresa en la que empezó a trabajar pidió que le dejaran desempeñar su empleo sin echar mano de Internet, recurriendo a las relaciones personales. Y le fue tan bien que, como se lee en el libro de Puig Punyet, acabaron adoptando su método en toda la compañía.
O Jon, un niño de 14 años de Bilbao que ha sido adicto a los videojuegos, que también forma parte de la galería de personajes de La gran adicción y lleva un año de feliz desconexión. O Cristina, una barcelonesa de 29 años que, después de buscar infructuosamente el amor a través de Tinder y otras redes similares, decidió dar una patada a todo ese mundo virtual y recuperar su tiempo .
O Kaya, una inglesa de 26 años que trabajó durante un tiempo en el mundo de la moda y que, harta de asistir a fiestas en las que el objetivo de todos los invitados era salir estupendos en las fotos y las selfies que luego se colgaban en los redes sociales, decidió hacer una fiesta sin móviles. Los asistentes se sintieron tan aliviados y relajados que Kaya ha hecho de eso su negocio: se gana la vida haciendo fiestas secretas en distintos lugares de Londres que se dan a conocer por el boca a boca y en las que está absolutamente prohibido hacer fotos.
Son fiestas que le encantarían a Essena O'Neill, una bloguera australiana que contaba con 500.000 seguidores en Instagram, 20.000 en Snapchat y 250.000 en YouTube y que, el año pasado, decidió acabar con la obsesión de perfección que marcaba su vida. Borró de un plumazo 2.000 imágenes de su Instagram y escribió: "Soy la chica que lo tuvo todo y quiero decirte que tenerlo todo en las redes sociales no significa nada en tu vida real. He dejado que se me definiera por los números y lo único realmente me hacía sentir bien era conseguir más seguidores, más megustas, más repercusión y visitas. Nunca era suficiente".

Una tendencia al alza

También hay quien se retira de internet asqueado de las desigualdades sociales que está creando la economía digital. "Cuando el usuario medio abre su teléfono o su navegador, todo responde a la misma lógica subyacente: enviar información a no se sabe muy bien quién y recibir información de no se sabe muy bien quién. Compartir. Pero cuando compartimos somos trabajadores sin salario para un jefe anónimo, generamos contenido para las plataformas y, por tanto, tráfico y visitas. Esa vorágine engancha", explica Enric Puig Punyet.
"La nueva red ya no es una herramienta al servicio de la humanidad, sino un sistema que pone a la humanidad a su servicio". La necesidad de desconexión está creciendo tanto que ya hay avispados empresarios de turismo que ofrecen hoteles sin wifi, o restaurantes que se publicitan por no disponer de conexión a internet, como uno en Barcelona propiedad de una pareja de jóvenes argentinos defensores del Slow Food, el movimiento que aboga por recuperar ritmos más pausados.
Por no hablar de las alrededor de 200 escuelas Waldorf que ya se cuentan en Estados Unidos, que prohíben a sus alumnos el uso de las nuevas tecnologías y algunas de las cuales se encuentran en Silicon Valley. Allí, los niños de los ejecutivos de Google y Apple aprenden a vivir sin ordenadores, sin tabletas o sin tele.
Escritores como Jhumpa Lahiri, Amélie Nothomb o Jonathan Franzen ya forman parte del ejército de los desconectados. Por no hablar de los 562 escritores e intelectuales de 82 países -incluidos cinco premios Nobel de literatura- que, en 2013, firmaron un manifiesto contra la vigilancia masiva y el espionaje por parte de empresas y Estados a los ciudadanos a través de la red.
David Macián probablemente aún no lo sabe y probablemente no le importe pero su viejo teléfono móvil sin conexión a internet es tendencia. El reputado y austero diseñador inglés Jasper Morrison creó el año pasado el MP 01, un móvil de formas aerodinámicas que, en contraposición con los teléfonos inteligentes cada vez más complicados, no incluye conexión a Internet, sólo sirve para realizar y recibir llamadas y mensajes de texto. Punto.
http://www.elmundo.es/sociedad/2016/10/29/58138ac5e5fdea3f578b4583.html

jueves, 10 de noviembre de 2016

Yo hubiera votado a Trump

No porque me parezca el mejor candidato sino por no votar a Hilary Clinton. Porque Clinton dijo que se aseguraría de que todas las mujeres pudieran abortar hasta el "momento" antes del parto. Esto se refiere al aborto por nacimiento parcial, el cual (siento tener que decirlo) consiste en esperar a que el niño asome la cabeza, hacerle un agujero en el cráneo y sacarle el cerebro. Con lo cual nace oficialmente muerto. Eso era lo que quería fomentar Hilary Clinton. Dijo que los niños no nacidos no tenían derechos.

Trump podrá ser un poco xenófobo y machista, pero al menos no pretende matar a los niños antes de nacer. No promueve el asesinato de seres humanos indefensos. No sé si tendrá las soluciones que EE.UU. necesita pero al menos no pretende disminuir la población mundial a costa de los niños. Clinton era la candidata de la Ideología de género, subvencionada directamente por Plannet parenthood.  Por eso yo me alegro de que no haya ganado.